¿Qué hay en el canto? Afinar nuestros corazones

Afinar nuestros corazones
Por Kevin Twit
Traducción por Jared Weatherholtz
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¨No te acostumbres tanto a tu cultura que te sometas a ella sin pensar.¨ Romanos 12:2 parafraseado en El mensaje: la Biblia en lenguaje contemporáneo [The Message],

Recientemente, el canal de televisión pública pasó un documental llamado Los comerciantes de lo genial (The Merchants of Cool). El programa reveló cómo los varios conglomerados de la prensa moldean nuestro entendimiento de lo que es ¨genial¨ y entonces guían los gustos de compras de nuestros jóvenes de esa forma. Como trabajo con universitarios, encontré esto muy relevante así que invité a algunos estudiantes a ver el programa. En el documental, sale gente como el vicepresidente de estrategia de marca de MTV quien describe cómo llegan a identificar lo que es ¨genial¨ y entonces cómo venden ese mensaje a nuestros jóvenes. Después de ver el programa, un estudiante dijo algo muy perceptivo. Estábamos hablando de cómo nosotros, como cristianos, podemos ser liberados de la esclavitud a la percepción de la cultura de lo que significa ser genial. El estudiante alzó la mano y preguntó, ¨¿Cómo podemos librarnos de la necesidad de ser genial cuando hasta las iglesias buscan contratar a los pastores de jóvenes muy geniales?¨ Lo único que pude decir fue, ¨Es una buena pregunta.¨ ¡Es una excelente pregunta!

La cultura sí nos exprime, aún en la iglesia. Cuando nos reunimos en la alabanza es para restaurarnos la cordura. Se trata de la restauración a lo que Dios dice que es cierto sobre la vida, en vez de ser exprimidos por el mensaje que nos predica nuestra cultura. ¡La alabanza se trata de regresarnos la cordura porque tantas veces vivimos en cierta locura! Cuando creemos que ganamos el favor de Dios por lo que hacemos, cuando creemos que podemos manipular a Dios a que haga lo que queramos, no estamos viviendo en consonancia con la realidad. Eso es vivir en un mundo de fantasía. El mundo en el que realmente vivimos es un mundo en el que Dios nos ama por Su gran misericordia en Cristo. Pero muy pocas veces vivimos así.

La alabanza se trata de abrir nuestros ojos para ver a Cristo por quién es, como bello y creíble. ¡Eso es lo que nos cambia! La alabanza es formativa. Nos moldea y nos cambia como el pueblode Dios. En Romanos 12, Pablo nos urge a dejar de conformarnos al, o caber en el molde del, mundo en el que vivimos. La base que provee por esto es la misericordia de Dios. Mientras la misericordia de Dios en la persona de Jesucristo se infunde en nuestros corazones, nos cambiamos.

Thomas Chalmers fue un gran pastor, profesor de seminario y líder de la Iglesia Libre de Escocia en el siglo 19. Fue un ejemplo fuerte para gente como Robert Murray McCheyne y Horatius Bonar (el compositor de himnos) y predicó un sermón monumental llamado ¨El poder expulsivo de un nuevo afecto.¨ Es una maravillosa predicación en la que explica que nunca soltamos un amor hasta que venga un nuevo amor. Dice que la única forma de desposeer el corazón de un amor anterior es por el poder expulsivo de uno nuevo. Suelo platicar de esto con mis estudiantes. Una persona nunca puede liberarse de un amor platónico hasta que llegue un nuevo amor. Nuestros corazones pueden ir de un afecto a otro pero nunca perderán el anhelo de
aferrarse a algo.

Por eso dijo Juan Calvino que nuestros corazones son como fábricas de ídolos. Siempre alabaremos algo. ¡Amaremos algo y, hasta que venga un amor más bello, más creíble, inevitablemente nos aferraremos a ídolos! Pero el evangelio nos llega y trae un poder expulsivo —el poder expulsivo de un nuevo afecto. ¡Un nuevo afecto viene mientras vemos a Jesús como más bello y creíble y expulsa a estos otros afectos! Es en la alabanza, por medio de la predicación, el canto y los sacramentos que nuestros corazones son atraídos de otras ¨bellezas¨ mientras nuestros ojos se abren a ver a Jesús por quién realmente es. Durante mi tiempo en el ministerio, he llegado a apreciar mucho el poder de los himnos para ayudarnos a meditar en la realidad de la gracia de Dios en la alabanza y para moldearnos como el pueblo de Dios. Cuando mis estudiantes realmente empiezan a leer la letra, no pueden creer que antes pensaran que los himnos eran sin vida y aburridos. Como dijo un estudiante, ¨¡Estas canciones transmiten emoción, dolor, soledad, sorpresa y alegría inmensa! Todas esas cualidades están presentes y mi generación no las asocia con los himnos para nada.¨ Desafortunadamente, a veces esta poesía tan rica en teología es acompañada por música que falla en expresar la emoción de la letra a mis estudiantes. Las palabras son tan ricas que hemos empezado a componer nueva música para algunas canciones. Y siempre tomo la oportunidad de animar a compositores talentosos a buscar himnos potentes que trágicamente han dejado de ser usados o hasta escribir nuevos himnos.

Los himnos toman una verdad de las Escrituras y nos dejan meditar en ella tantito. Emplean intelecto, imaginación y emoción. Los himnos son mini-meditaciones en los misterios del evangelio que nos llevan a la alabanza. Ofrecen una historia, algo muy atractivo a la gente posmodernista, y nos invitan a entrar en ella a ver si podría ser nuestra historia también. Por ejemplo, me encanta introducir a estudiantes a los himnos de Anne Steele. Ella era compositora de himnos de la iglesia bautista en Inglaterra en el siglo 18 quien fue inválida durante 50 años. Yo creo que escribió unos de los himnos más increíbles que encontrarás sobre el poder del evangelio en medio de la aflicción y el dolor. Pero desafortunadamente sus himnos se han desvanecido de casi todos los himnarios modernos. Cuando la gente canta sus palabras, se encuentra en su historia. La gente descubre que puede tener una conexión con una mujer que vivió hace 300 años. ¡Para ellos, de repente el Reino de Dios se vuelve inmenso! Los himnos son teología en llamas. Son teología expresada en lenguaje hermoso y poético que llega hasta el corazón y emplea la imaginación. Nos ayudan a reflexionar por tres o cuatro minutos en los misterios del evangelio que nos llenan de asombro. Los compositores de himnos se glorían en las declaraciones paradójicas. Uno de mis ejemplos favoritos es un himno de Augustus Toplady (el autor de ¨Roca de la eternidad¨). Él escribe, ¨Oh amor incomprensible, que Te hizo sangrar por mí. El Juez de todo ha sufrido la muerte, para librar a Su prisionero.¨ ¡Meditar en ese pensamiento, aun por un ratito, te cambia! Y mientras más lo meditas, más te impacta el corazón.

C.H. Spurgeon una vez dijo, ¨Cuándo no puedo entender algo en la Biblia, parece que Dios me
hubiera puesto una silla ahí para arrodillarme y alabar; y que los misterios deben ser altares de
devoción.¨ Es el deleite de los himnos enfocarse en estos misterios. Los himnos son minimeditaciones
en las ironías del evangelio que nos llevan a la alabanza. Son una oportunidad para
meditar en un misterio como ¨Oh maravilla de su amor, por mi murió el Salvador¨ hasta que
empiece a creerlo el corazón.

Si perdemos nuestro sentido de asombro, seremos conformados a la cultura. Si perdemos el
sentido de la belleza y la maravilla, seremos conformados a la cultura, seremos conformados a la
carne. Los himnos, verás, no sólo son oportunidades para la meditación, más bien suelen ser el
producto de la meditación. En el pasado, eran los pastores los que escribían los himnos. Muchas
veces escribían himnos al final de una semana de meditación en su predicación.
Por ejemplo, el himno ¨Sublime gracia¨ de John Newton es un resultado de su meditación toda la
semana en 1 Crónicas 17, el pacto de Dios con David. De hecho tenemos los apuntes de la
predicación del día que Newton le enseñó el himno a su congregación. Quizás recuerdas cómo
David quiere construir una casa para Dios pero Dios le dice, ¨No vas a construir una casa para mí
—¡Yo voy a construir una casa para ti! ¡He estado viajando en una casa de campaña con mi
gente y hasta que ellos se establezcan, yo me estableceré! ¡David, estoy poniendo mi casa en
segundo lugar porque te estoy poniendo a ti en primer lugar! ¿No es el corazón del evangelio—
que Dios nos pone primero? Mientras David piensa en eso, está asombrado, y mientras Newton
piensa en eso, tiene que gritar, ¨¡Sublime gracia!¨

Los himnos son potentes. Penetran nuestras almas. Como William Cowper canta, ¨A veces una
luz sorprende al cristiano mientras canta; es el Señor que se levanta con curación en Sus alas.¨
William Cowper estaba muy consciente del poder de los himnos como verás en esta carta que
escribió a un amigo: ¨Es cosa noble ser poeta. Hace el mundo tan vibrante. Pude haber
predicado más sermones que Tillotson y mejores, y el mundo seguiría dormido. Pero un
volumen de verso es un violín que pone el universo en movimiento.¨ ¡Los himnos tienen esta
habilidad de penetrar nuestro mundo y sorprendernos! Y desesperadamente necesitamos que la
verdad de la misericordia de Dios nos penetre para reformarnos, para restaurar nuestra cordura,
para abrir nuestros ojos a Jesús como bello y creíble—en corto, para moldearnos como un pueblo
de Dios. Los himnos tienen el poder de hacer exactamente eso.

En su libro, Una ¨pérdida¨ total del tiempo (A Royal ¨Waste¨ of Time), Marva Dawn habla de
Vaclav Havel, un dramaturgo que también es presidente de la República Checa. Le preguntaron
cómo la revolución a tumbar el comunismo en la República Checa había sido sin el
derramamiento de sangre pero aún así había permanecido. Él simplemente respondió, ¨Teníamos
nuestra sociedad paralela. Y en esa sociedad paralela, escribíamos nuestras obras y cantábamos
nuestras canciones y leíamos nuestros poemas hasta que supimos la verdad de tal forma que
pudimos salir a las calles de Praga y decir, ´¡Ya no creemos sus mentiras!` Y el comunismo tuvo
que tronar.¨

¿No es una imagen hermosa de lo que se debe tratar la alabanza? Nos reunimos a cantar nuestras
canciones para que sepamos la verdad a tal grado que podamos salir al mundo y decir, ¨¡Ya no
creemos tus mentiras!¨ Así que podemos hablarles a nuestros corazones temerosos y decir,
¨¡Corazón, ya no creemos tus mentiras!¨ (o como lo dijo Charles Wesley, ¨¡Levántate alma mía!
¡Deshazte de tu temor culpable!¨) porque Jesús puede vencer aún lo que dice mi corazón. Y
Jesús sí gana tu corazón mientras se vuelve más bello y creíble para ti. Por eso nos reunimos en
alabanza. ¡Por eso es que les animo a que utilicen los himnos de la iglesia! Dios los está usando
para moldearnos a la verdad, para restaurar nuestra cordura y para abrir nuestros ojos a ver a
Jesús como bello y creíble.

Este artículo se usa con el permiso de la revista Covenant de febrero/marzo del 2002 de Covenant Theological Seminary.
Indelible Grace 2005
http://www.igracemusic.com/resource/articles/tuningourhearts.htm

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